La que espera ansiosa, SE DESESPERA Y SE DIVORCIA.

por | 18/Aug/2014
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En mi cumpleaños no. 34 aún estaba soltera, sin la más remota idea sobre si encontraría el amor de mi vida algún día, pero yo sin la menor prisa por casarme tampoco.

Todas mis amigas ya estaban casadas y hasta con 1 o 2 hijos, la verdad muchas de ellas hasta divorciadas y de las que seguían en su vida marital pocas estaban realmente felices; TODOS, mis padres, abuelos, primos, amigos me presionaban muchísimo y la verdad es que lo que opinen los demás no debe importar a la hora de tomar una decisión de este calibre. Que si se me iba el tren, que si quería tener hijos algún día que si me ponía más vieja, en fin, me tenían más que harta.

Yo no me quería casar por casarme así nadamás, mi idea sobre el matrimonio era algo con mucho más peso, una gran responsabilidad, un compromiso muy fuerte y mutuo, con demasiada importancia como para tomármelo a la ligera como con el primero que me lo propuso y al cual rechacé, por ejemplo. A cada quien le llega el príncipe azul en algún momento, mientras tanto hay que seguir disfrutando de las bellezas de la vida.

Yo veo con tristeza a muchas chicas que dan el Sí con el primero que se los propone, aunque no estén completamente seguras o perdidamente enamoradas, y lo hacen por el simple hecho de “salir”  para no sentirse “quedadas” y tener su tan añorada fiesta, lo cual es sólo una inseguridad personal y no logran ver más allá.

Muchas mujeres no se dan cuenta de lo más vital sobre el matrimonio, que es compartir toda una vida a lado de la persona idónea y que sea hasta que la muerte los separe, o no? pues no lo considero ningún juego de ruleta al cual podemos apostar con la mano en la cintura. El matrominio para mí es una decisión que debe valorarse y meditarse tranquilamente con una proyección a futuro lo más prometedora posible para los dos. La atracción física no es suficiente, ni las risas, ó saliditas por ahí, ni los regalitos, ni palabras cariñosas; son mucho más importantes las reacciones que se derivan de los malos ratos, como el trato que recibo cuando existen las inevitables discusiones, la manera de manejar las situaciones difíciles (personales, individuales ó económicas), obviamente la forma como me trata mi pareja tanto en público como privado y por supuesto de lo más importante que es la confianza y manera de comunicación que existe entre nosotros. La afinidad es otro aspecto que yo cuidaría también, con esto no quiero decir que debemos tener los mismos gustos siempre, pero sí que exista apoyo y una buena actitud aunque a mi pareja no le encante algo que a mi sí y viceversa.

Chicas, se podría decir que ustedes tienen la última palabra, así que piensenlo y fundamenten bien esta gran decisión en su corazón y con la cabeza fría para que realmente les traiga frutos a ambos! Yo terminé casandome a los 37 años y puedo asegurar que somos muy felices y plenos a nuestros maravillosos 25 años de casados, para el amor no existe una edad más adecuada que otra PUNTO.

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